miércoles, 5 de agosto de 2026

El oleaje del lenguaje

Leer poesía es un juego que se dilata; no es simple, no es como leer narrativa. Hay otro orden en el texto: un oleaje imprevisible, golpe sobre la roca, ola, oleaje, creciente, goce, pleamar, vaciante, bajamar… Sed.

Estuve atisbando el libro Cómo enterrar al padre en un poema, de Corina Oproae.

La autora es filóloga y traductora; es por ello por lo que los poemas discurren de ese modo. Las palabras toman conciencia de sí mismas, como organismos vivos. El lenguaje protagoniza este libro, reflexiona sobre su capacidad para hacer algo en el mundo; es como un acto performativo. Convierte el poema en tema: el padre, el duelo, la escritura. Interroga. Cada uno de los quince poemas que contiene lleva un título que empieza con el adverbio interrogativo cómo, y eso vuelve al poemario una suerte de manual: preguntas, nunca certezas. Y es que la buena poesía no responde a preguntas esenciales; las deja abiertas, como huecos que nunca aspiran a ser llenados.

Corina Oproae no dedica sus poemas a las autoras que nombra, no les hace homenajes, sino que escribe con ellas, con su compañía o con su recuerdo. Si los poemas de esas autoras fueran canciones y no letras, Oproae escribiría con un fondo musical o con el oleaje de esos mares a sus espaldas.

 

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