Siempre he amado a esta escritora, siempre la he admirado. Hace unos años, en 2019, tuve la oportunidad de coincidir con ella en el Festival de La Lira. En aquella ocasión la escuché leer un poema que hablaba de un árbol de mangos y que aludía a su niñez. Me encantó.
Hoy, mientras buscaba sus poemarios en la biblioteca, me encontré con este poema: «Minimundial en cancha ajena», en el que Sonia Manzano Vela convierte el lenguaje del fútbol en una imagen de la derrota.
Dejo aquí el poema:
Uno tiene sus hinchas,
su torcida, su banda chicha;
uno tiene quien salga por sus fueros
aunque en sus adentros ya no le entren más autogoles.
Uno tiene su barra bien organizada,
su hombre de la campana, sus tontitos útiles y fogosos,
su director técnico que pueda justificar técnicamente
cualquier abultado marcador en contra.
Uno tiene quien grite por uno,
quien se parcialice con uno
por más fauladas que hayamos cometido,
por más posiciones adelantadas,
por más tiros penales que hayamos pasado por alto
(por lo alto del arco, se entiende)
por más que habiendo estado a las puertas de un gol coreado
hayamos mandado a la cabeza hacia un corner sin sentido.
Uno suda su camiseta por todo el tiempo reglamentario
o en los minutos de descuento
cuando ya se ha perdido toda noción de lo que estamos descontando.
Cuando el silbato entra como un diente frío al cerebro
destemplado
uno comprende que todo ha terminado,
que todos han salido a través de largos túneles
y que acá, en el interior, donde poco antes caía el color en serpentinas
ha empezado a caer una tristeza pertinaz,
una tristeza monumental como este estadio lleno
tristeza que es la que en definitiva
termina por inclinar al marcador
a favor indiscutible de la derrota.

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