viernes, 7 de agosto de 2026

Por si toca desandar

 

También tuve ganas de leer poesía, pues ya mucho tiempo he estado dándole a la narrativa. Así que elegí el libro Ofidias. En otra piel serán las mismas marcas, de Valeria Guzmán Pérez.

Estuve mucho tiempo contemplando la portada y acariciando la imagen con el barniz UV selectivo brillante sobre la imagen orgánica de una mujer desnuda que, en la cabeza, tiene una serpiente y, a su vez, varias serpientes circundan su cuerpo, formando una especie de capullo alrededor de él. ¿Mutación? ¿Fusión? Habrá que ver qué secretos guardan los poemas de este libro, me dije.

Y entonces, arrastrándome sigilosamente en una ondulación lateral sobre este terreno pedregoso, me impulso. En algunos poemas me detengo más que en otros; debe ser que sus vibraciones me llegan directo al oído interno, permitiéndome sentirlos. En este, por ejemplo: “La mujer tentó a la serpiente / y se descubrió. La serpiente sedujo a la mujer / y se alimentó. Desde entonces / mujeres y serpientes / son un solo silbido.”

En otro de los poemas me enrosco, como cuando deseo proteger mis órganos vitales en el centro de un círculo y me tenso antes del ataque: “Qué absurdo mecanismo el tuyo / zamparte sin límites / y quedar siempre dentro de ti misma / siendo ese círculo / que nunca se consume.”

Saco mi lengua bífida, recojo partículas de un pájaro negro; es mi naturaleza. Paladeo despacio este poema: “Anoche, cuando regresé a casa, / encontré un pájaro negro / aleteando en la habitación. / Intenté ayudarlo, / abrí la ventana y dirigí su vuelo / lo más que pude, / pero fue extenuándose. / ¡Nada qué hacer para dañarlo menos! / Tardaba tanto en salir / que nuestra desesperación / se volvió agonía. / Y mucho me temo / que, en lugar de salvarlo, / lo maté.”

Y así voy moviéndome por el poemario, a veces en acordeón, a veces lateralmente, a veces me quedo en alguno que dialoga con poetas que ya no están, pero que dejaron su rastro de olor, su pista química: Virginia Woolf, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, Marina Tsvetáyeva, Rosario Castellanos, Anne Sexton, Dina Belhram…

Hallo cosas en este libro que me gustaría atesorar, llevármelas, como si, en efecto, visitara un mercado de antigüedades sin saber qué buscaba y me hallara, manos a boca, con una “jaula dorada”; pero el viaje por este libro termina ya y debo ir pronto a sembrar un almendro, por si me toca desandar y, como dice Valeria: “Pero a veces llega una mañana en que el frío / resulta insoportable y el gas se escapa sin retorno.”


No hay comentarios: