Leí Sed, de Amélie Nothomb. Esta es una novela muy a su estilo, corta y precisa. Esta la estuve leyendo dentro del centro comercial, pues tenía mucha sed de su lectura y esta solo se podía amainar de inmediato, como toda necesidad apremiante. Además, quería sacar de la biblioteca otros libros que tengo pendientes, de los cuales también quisiera beber pronto, pues resulta que cuando ya tengo en mente algún título, termino encontrando otro. Hay muchísimo que quiero leer y que nunca alcanzo.
Sed tiene como narrador al mismísimo Jesús de Nazareth, en las horas previas y durante su crucifixión. Un Jesús que es hombre y piensa desde su mortalidad, desde su carne, desde su sed como necesidad física. Jesús tiene un cuerpo que experimenta dolor y sangra, teme y clama por agua.
Jesús tuvo que morir para tener la conciencia de estar vivo y, mientras se halla en esos últimos instantes, tiene miedo. Para sobrellevar esta situación, se recrea con sus recuerdos y deseos, narra lo que siente y lo que observa.
Recuerdo que hace tiempo yo estaba por entrar a quirófano, sola y enfrentándome a una cirugía. Tenía miedo, sí. En los momentos previos al ingreso al quirófano, como un modo de serenarme, empecé a recordar momentos placenteros, a tomar nota mentalmente de la experiencia y, de alguna manera, distrayendo la mente, logré vencer el miedo.
Pero, volviendo al texto de Nothomb, ella habla sobre la crucifixión pensada como aquella en la que el cuerpo se convierte en el lugar donde se enfrentan la vida y la muerte, pero también la trascendencia.
Me pregunto, luego de leer este libro: ¿qué significa tener conciencia del propio cuerpo cuando ese cuerpo está a punto de morir o de entregarse a un procedimiento?

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