martes, 22 de septiembre de 2026

Entre el miedo y la paranoia

 

La Azotea 

Vuelvo al texto, al texto que también es para mí una especie de casa, de madriguera para protegerme y conjurar el mal. He estado un tanto ocupada con algunos conflictos externos propios de la época que se vive y del miedo que se ha instaurado como una estrategia del sistema para controlarnos.

A veces, cuando veo a los militares concentrados en las calles, me alivio porque pienso que el peligro está controlado, pero otras veces pienso que ellos son el peligro y que tanta noticia violenta y tanto bombardeo en redes sobre desapariciones, asaltos, sicariato son armas para controlarnos.

Eso me ha detenido en mi escritura, pero también porque hemos estado promocionando la Persistencia del Oficio, una exposición pictórica que organiza Juan Carlos y que reúne a cinco pintores de Ecuador y Perú. Hemos tenido muchísimas entrevistas y he estado acompañando en ellas.

Iniciaba diciendo esto del texto como casa porque leía la novela Azotea de Fernanda Trías en la que Clara, el personaje principal, vive con un temor extraño que le impide salir de la casa. En la novela hay encierro, deterioro, enfermedad y, por último, muerte. La casa parecería la extensión del cuerpo de los personajes. En un punto, la casa se deteriora, pero también se deterioran sus habitantes.

Empezaba también mencionando el miedo de esta época porque en el libro ese miedo se convierte en mundo. No se sabe si el peligro está realmente afuera o si Clara lo ha construido dentro de la casa.

Hay lo real y lo que se percibe en el libro y en lo que también vivimos. Hay una pregunta que podría hacerse: ¿el encierro significa protección o en qué momento un miedo va más allá y se convierte en paranoia?

También se toca de una manera muy extraña el tema del incesto. En el caso de Clara, hay un amor enfermizo hacia el padre y una relación que se va cerrando sobre ellos. El encierro familiar termina provocando que el espacio en el que conviven los personajes, ella con su padre y, posteriormente, la hija de ambos, deje de ser protección y se convierta en un lugar donde se confunden el afecto, la dependencia, el deseo y la violencia.

Hay algunos símbolos en la historia, entre ellos el canario, que funciona como una imagen del encierro. Está dentro de una jaula y esta jaula está en la habitación del padre. El canario depende de quien lo cuida y no puede escapar. También Clara y su hija están atrapadas en ese espacio familiar.

Otro de los símbolos es la azotea, que es un lugar de escape, pero también de peligro. Está arriba, abierta, pero no significa necesariamente libertad.

Y están los vestidos de la madrastra. Ella ya no está, pero sus vestidos permanecen. Un cuerpo que ya no está y que, sin embargo, sigue ocupando un lugar dentro de la casa.

 

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